Saltar al contenido
Ludopatía

La ludopatía: causas, síntomas, soluciones…

Con la ludopatía no se juega

Estar sujeto al juego de una manera patológica es lo que se conoce comúnmente como ludopatía. Se trata de un problema de gravedad que forma parte de un listado en el que se incluyen aquellas adicciones en las que no interviene una droga concreta.

Esta adicción despertó en su momento el interés de disciplinas clínicas como la psicología y la psiquiatría, que entendieron necesario abordar el problema mediante tratamientos específicos. De ahí se desprende en primer lugar cuál es la dimensión del asunto, máxime cuando se pone el foco en las terribles consecuencias que una enfermedad así trae consigo si no se le pone remedio, tanto para la propia persona como para su entorno familiar.

Las cifras en España no son precisamente alentadoras, y es que desde la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (Fejar) apuntan cómo el 1% del país ha caído en las garras del juego patológico. Esto representa aproximadamente un total de 400.000 afectados, a los que habría que sumar de igual modo los seres queridos que también sufren con esta problemática. Es decir, en torno al millón de personas.

¿Qué es la ludopatía?

La ludopatía es un trastorno que se caracteriza esencialmente por despertar en el individuo que lo padece la necesidad de someterse al juego a toda costa, más allá de lo dañinas que puedan llegar a ser sus consecuencias. Estamos ante una adicción que puede destruir el entorno social, afectivo y laboral del afectado.

El jugador, movido en todo momento por las ganas de recompensa, es víctima de una dependencia enorme cuando convierte el juego en un elemento de primera necesidad. De hecho, el condicionamiento es tan grande que otros aspectos básicos de la vida, como las relaciones personales, quedan relegados a un segundo plano. Es más, el ludópata experimenta impulsos contra su voluntad cuando no tiene acceso al juego, llegando incluso a la violencia en algunos casos.

Es cierto que la ludopatía no es una adicción que tenga una sustancia como motor, pero su funcionamiento es el mismo que el del hábito de consumir drogas. En este sentido, destacan patrones como la pérdida de control o el síndrome de abstinencia.

¿Cuáles son las causas?

La ludopatía no es resultado de una sola causa, sino que se produce por culpa de una mezcla de varias. Es en este punto donde puede aparecer el trastorno, y donde hay que valorar el perfil de la persona y su contexto como factores de riesgo a tener en cuenta

En primer lugar, hace su aparición el factor genético. Numerosos estudios concluyen que la descendencia de una persona ludópata cuenta con mayor inclinación hacia el juego que los hijos de quienes no padecen esta enfermedad. Ahora bien, el hecho de que exista esta relación no quiere decir que esta sea la causa.

El contexto afectivo y social es otro de los señalados a la hora de buscar motivos. De hecho, el papel que juegan los tutores frente a sus hijos resulta determinante; los jóvenes tienden a imitar patrones de comportamiento. Tampoco conviene crear entornos en los que se potencie el juego de una manera cotidiana, pues los riesgos de modelar personalidades patológicas es mayor en estos casos.

Por su parte, el perfil psicológico es también clave en este sentido. Las personas que manifiestan cierta debilidad mental o que se encuentran sumidos en problemas personales o de ansiedad se muestran más vulnerables a la hora de sufrir un trastorno de ludopatía. Recurrir al juego como método de alivio se ha convertido desafortunadamente en una pauta cotidiana.

¿Cuáles son los Síntomas y su tratamiento?

No es difícil darse cuenta de cuándo aparece la ludopatía. Esta patología se expresa a través de los diferentes comportamientos y costumbres que implica el juego destructivo. Las marcas más evidentes que siembra este trastorno las podemos ver en los siguientes síntomas:

La despreocupación por el entorno social y laboral.

Esto sucede cuando el juego comienza a reinar sobre ámbitos de este tipo. El desinterés y la mentira delatan que pueda existir detrás una patología. Las relaciones personales acaban muy deterioradas

El factor económico.

El tránsito por una mala situación económica promueve que el afectado utilice el engaño a fin de evitar su responsabilidad y negar que tiene una adicción.

La ansiedad.

El ludópata se impone de manera involuntaria seguir con el juego a toda costa. Esto le provoca una inquietud constante, ya que necesita lograr la recompensa. Cuando esta situación se repite mucho genera a medio plazo altos niveles de ansiedad.

Giros en el carácter.

La ludopatía es de igual modo una fuente inagotable de cambios en el carácter. Entre otros, destacan sobre todo la tristeza, la susceptibilidad, el ensimismamiento o la agresividad.

Llegados a este punto, sólo cabe pensar en el tratamiento. Ahora bien, ¿cuáles son las opciones en este sentido? Alcanzar el éxito frente a la sombra de la ludopatía requiere de la unión de varios remedios. Para ello es preciso recurrir a la combinación dada entre la farmacología y la terapia.

Existen medicamentos que presentan muy buenos resultados cuando se trata de establecer un control riguroso sobre la impulsividad. Mantener un equilibrio entre el deseo y la razón es fundamental en estos casos, por lo que el uso de inhibidores y estabilizadores suele ser muy recurrente. Pero es cierto que con esto no basta, ya que a los fármacos hay que sumarle el efecto de la terapia psicológica.

La psicología pone en manos de la persona afectada las herramientas necesarias para reforzar lo provechoso frente a lo dañino. Lo esencial en un primer momento consiste en que el ludópata reconozca su trastorno y se muestre participativo a la hora de ponerle solución. A partir de ahí, la terapia concentra sus esfuerzos en una espiral de técnicas que asimismo necesita de la colaboración de los familiares.

Te puede interesar: ¿Como tratar la ludopatía?

El mecanismo oculto

El juego, ya sea físico u online, muestra siempre una imagen atrayente para los usuarios. Digamos que está diseñado para que el jugador caiga siempre en las mismas acciones con la esperanza de alcanzar una recompensa. Es decir, existen planes de marketing que incitan al comportamiento adictivo.

Y es precisamente aquí donde está el peligro, ya que en escenarios que funcionan de este modo es sencillo fortalecer la acción de formar parte del juego hasta convertirlo en algo necesario. A esto hay que sumar las campañas publicitarias que se encargan de promover con insistencia el concepto del juego como un instrumento para solucionar problemas de índole económica.

Es fácil identificar al menos tres tipos de jugadores atendiendo a su comportamiento. El jugador social es aquel cuyo propósito pasa exclusivamente por el ocio y la diversión. El jugador conflictivo actúa de una manera más elaborada, creyendo que el juego pone remedio a sus trabas sociales. El jugador patológico se caracteriza por estar bajo el influjo del deseo sin control y alejado de la capacidad reflexiva. Este último representa el modelo más grave dentro de la pirámide, resultado además de los dos perfiles previos.

Páginas recomendadas…

https://www.jugarbien.es/